
Nunca se había palpado tanto nervio, tanta tensión expectante, tanto hormigueo antes de un concierto.
El Kursaal estaba rendido de antemano, sí, pero nunca preparado para la exhibición de Waits y su banda. A razón de 108 o 133 euros, eso sí. Pero nadie contó los euros cuando se apagaron las luces justo antes del inicio: la tensión se desató.
La entrada de Waits al ritmo de 'Lucinda' desbordó la emoción. Levantando polvo de arena y con la lija de la garganta perfectamente afinada; el sonido impoluto.
¿A qué Waits pudimos ver y oír? Pues a casi todos los que habitan ese cuerpo encorvado pero espigado. El
crooner alcohólico y crepuscular asomó frente al piano con las increíbles 'On the Nickel' y 'Johnsburg Illinois'.