Hala!, a ver cómo nos vestimos para el concierto de esta noche. Un armario lleno de cosas estrafalarias, regalos que nunca se usaron o recuerdos de aquel viaje exótico... Este polvorín es el perfecto para autocrearse un freestyle épico. Lo más parecido a irnos disfrazados de carnaval. Artistas maniquíes perfectos de esta disoluta moda son la islandesa Björk y el saltarín Jamiroquai.Debemos tener un sentido mínimo del ridículo, ser excéntricos y salvajes a la hora de combinar. Jamiroquai lo tuvo claro desde el principio, había que hacer el indio. Con los años se ha ido cortando, aunque de vez en cuando nos sigue sorprendiendo con algún llamativo sombrerito.
El caso de Björk es uno de los más singulares, ella lo es. Colores brillantes, cisnes pegados al cuello, plumas a lo María Jiménez o kimonos de Geisha cibernética son su perdición.
Otro icono que nos llega de tierras norteñas es la cantante Lykke Li. Al contrario que la islandesa, Likke ha llegado a ganar un premio en 2008 por su forma de vestir. Romántica pero no pegajosa, sueca pero no minimalista y guapetona pero no como pura repipi. Refleja a su vez perfectamente la música que hace.
Pero la guinda de este pastel la ponen los más disfrazados de la música ochentas (con permiso de Afrika Bambaataa y su Zulu Nation): Village People. Puedes jugar a ser policía corrupto, indio arapahoe, cowboy de montaña o a obrero que no piropea a las chicas. En nuestro fashion freestyle todo vale.




















