Premio, Berlín celebra estos días la concesión de un premiaco como el Príncipe de Asturias, dicen que por lo de derribar el muro de la discordia, pero seguro que hay algo más. Por ejemplo lo bien que se lo pasa uno bailando en alguno de sus muchos clubes. Escándalo, una de las madrigueras electrónicas mejor iluminadas y más reveladoras de los últimos cinco años es el Watergate. Club que para nada pertenece a la alborotada familia Nixon, sino a la crème de la nocturnidad alemana y a un pedacito junto al río Spree. Siguiendo los pasos de otros clubes de renombre como Fabric (Londres) o Fuse (Bruselas) editan cuarta referencia de lo que pretenden se convierta en objeto de deseo de coleccionistas de DJ sets de repisa. Y le echan el muerto a uno de sus asiduos: Sebo k.





No sólo de grandes eventos vive el homo festivalero. Hay quien prefiere pasar de agobios y grandes colas, de estrellas sobre las tablas y horarios solapados. Quien opta por el formato pequeño pero asequible y la ausencia de grandes masas agolpadas frente a escenarios y barras. 
















