
Por sus gustos tras los platos le llaman el "embajador del boogie", aunque puestos a catalogar su música él prefiera hablar de "modern funk". Así es la vida del californiano Damon G. Riddick, siempre moviéndose entre el culto al pasado en su condición de estudioso crate digger y el sueño visionario de quien decide abrazarse a un sonido añejo con la intención de hacerlo avanzar. Esa parece ser la misión de Dam-Funk, un tipo que a fuerza de empapar sus oídos en el pasado del 80's boogie se ha convertido en avanzadilla californiana de ese frente internacional que lucha por encontrar un futuro para el funk.





















