
Antes de empezar desenredemos un entuerto: lo que a día de hoy se entiende como wonky poco tiene que ver con el sonido patentado por gente como
Si Begg o
Christian Vogel en los noventa; aquel llevaba adosado la palabra techno, desaparecida hoy en día, y sigue perviviendo dentro del más estricto underground (en la capital suele encontrar refugio en las fiestas
Impersonal Strikes).
El wonky de nuevo cuño, el que los medios más enterados andan loando, tiene como fecha aproximada de nacimiento la primavera del 2008. Es entonces cuando comienzan a surgir los primeros maxis de un sonido mutante que echaba mano de riffs sintéticos y escurridizos que abusan de las frecuencias medias, atmósferas inspiradas en los videojuegos y beats ahogados (de ahí el término
aquacrunk acuñado por
Rustie) que avanzan a trompicones entre graves amorfos y detalles en forma de
bleeps.