
Un año más
La Casa Encendida acogió una nueva edición del festival experimental madrileño. Y, de nuevo, volvió a quedar demostrado el
buen criterio de sus responsables así como la necesidad de, en el futuro, cuidar ciertos detalles técnicos (sonido, visuales) que terminen de abrillantar una oferta sin igual a día de hoy en la capital.
Las hostilidades comenzaron el viernes en el Audiorio con los juegos vocales (pasados por el filtro de la electrónica) de la noruega
Maja Ratkje:
mejor cuanto más tremenda aunque demasiado dispersa a lo largo de su actuación. Una vez arriba, en el Patio, le llegó el turno al irlandés
Boxcutter.
Se le tenía ganas al niño mimado de
Planet Mu, y
el tipo no defraudó. Pasó del electro al jungla, sin olvidarse del dubstep y siempre bajo el manto de la IDM, y sólo le faltó algo más de agresividad (y un mejor sonido) para haber redondeado la jugada.