
El ubicuo, misterioso y, a tenor de la foto, ufano compositor de Texas nos tiene lista una nueva obra. Un trabajo que vuelve a desenterrar el pasado para, al menos en teoría, ayudar a dar nueva vida. Pasen y lean, porque esta es una historia que merece tanto ser escuchada como contada.
Apenas unos meses después del ya comentado (y del que abajo tienes un extracto) por aquí '92982' (2062, 09), William Basinski regresa con un nuevo CD cuyas canciones fueron grabadas en una sola toma, en vivo, en septiembre del 2008 en su estudio de Los Angeles. Para ello, recurriendo a las técnicas habituales en el tejano, utilizó micrófonos y dos grabadoras Norelco. Ya que sí, 'Vivian & Ondine' vuelve a estar basado en viejos loops grabados en cinta dos décadas atrás.
Un título este que nos sumerge de cabeza en la intrahistoria de un disco plasmada en sus notas interiores del álbum. Una narración de la que no queremos desvelar todos los detalles, pero que incluye una noche en Nueva York antes de un concierto, una llamada telefónica por parte del hermano de William, una niña nonata que se resiste a salir del vientre de su madre (a la sazón, esposa del mencionado hermano) y una pila de viejas grabaciones rescatadas del fondo de un baúl.
Cuento y leyenda dados de la mano con final feliz: Basinski utilizó dicho material en su concierto con el ánimo teórico -es decir, con la ilusa ilusión- de, frecuencias mediante, provocar un parto que se resistía. Y tal fue el empeño que no fueron uno sino dos los vástagos que llegaron a la familia Basinski aquella misma noche en el que uno ponía música en la Gran Manzana y las otras la pasaban en un hospital.
Sus nombres, Vivian y Ondine claro está. Y para hacerte con los sonidos que inspiraron su llegada al mundo tendrás que escribirle al propio William a través de la web mmlxii.com. Recibirás a cambio un CD customizado a mano en cuatro colores y con fotos de James Elaine. Decir bonito es quedarse corto.




















