Suenan las primeras notas de 'Last Screening' y aparece una de esas violas corta-venas acolchada desde el principio por capas ambientales, enseguida acompañada de incisos electrónicos y finalmente surcada por unas notas de piano. De lo tenue a lo grave y ceremonioso, 'Bu San' (spa.RK, 09) deja así claro desde su mismo comienzo que se trata de un disco que apela a las emociones, que fija la vista en el detalle, que se mueve por ciclos (como el rollo de una película), minimalista (por repetición) en unos desarrollos que tienden al engorde de las canciones. 'Bu San', queda así claro, es un disco muy grande.'Su Ban' nació bajo una excusa poco novedosa, hijo de dos padres (Árbol y Fibla, responsables del armazón electrónico y analógico) y una madre (Sara Fontán, encargada de tensar las cuerdas). No es, tampoco le hace falta, una criatura única en su especie. Pero sí de una belleza cegadora y acongojante. Como otras muchas en los últimos tiempos, esta se mueve entre lo académico y lo intuitivo, entre la dignidad del conservatorio y la soledad de la habitación con portátil al fondo. Comparte buena parte de las señas de identidad (melancolía, misterio, romanticismo, sensibilidad...) de esa música contemporánea que mezcla electrónica y motivos neoclásicos, neoclásica y motivos electrónicos. Ella también se mueve entre paredes de material sintético y gotéele orgánico, pero no por ello debe ser considerado del montón.
Porque lo que el trío ha logrado a partir de las imágenes rodadas por Tsai Ming-Lian permite dejar de lado cualquier consideración de carácter espacio-temporal para dirigirse directamente hasta el tuétano. Ese lugar donde lo único que importa es la capacidad de las canciones para alterar el ánimo del oyente; para, en este caso concreto, sumirle en el misterio de un viejo cine del que solo quedan sus fantasmas, en un país lejano del que nos llegan solamente ecos. Y hacerlo de una manera delicada y pausada, meticulosa y hasta artesanal, como la del mecanismo de un viejo reloj al que se le da cuerda después de mucho tiempo. Y lo consigue, he ahí uno de sus grandes méritos, sin necesidad de recurrir a la película.
Esta es además una función que funciona como un conjunto, como un todo en el que cada canción es diferente pero comparte espiral genética con las demás. Es como uno de esos equipos bien engrasados y de banquillo amplio, que cuando falla uno resuelve el otro. Los elementos puestos en liza son casi siempre los mismos (cuerdas, pianos, teclados, tapices digitales, voces sacadas del film) y, por tanto, la cuestión radica en hallar la diferencia en forma de tono, melodía, desarrollo, emoción.
Llevar y dejarse llevar del recuerdo a Sergio Leone en 'You'veLost What's Down Below' a los apuntes orientales que aparecen aquí y allá, de la gravedad de los drones de 'There's Still Going to Be Trouble to Come' a la emoción henchida de 'Start Again Again', entre el ruido del cinematógrafo y los golpes de Rhodes, entre campanillas y chicharras en la noche, colchones sintéticos y guitarras apenas pulsadas, melodías incisivas y agridulces nubes ambientales.
Que no te cuenten esta peli.




















