
Pese al nombre, nada es dinosáurico en los islandeses Mammút: sus componentes apenas rozan la mayoría de edad. Pese a ciertas veleidades björkísticas de su cantante -no se critica en absoluto, solamente se reseña-, apenas algunas veces sus canciones nos recuerdan a los Sugarcubes. Su segundo disco, Karkari, es un cursillo acelerado de postpunk y pop extravagante con hits impronunciables cantados en su idioma, como Svefnsýkt. El primero está por escucharse, pero hay ganas.
Y en directo, amigos, son imparables, desvergonzados y frescos. Al margen de algunas inflexiones, bailes y ropajes björkianos de la cantante (Kata, que también hace ruiditos con un teclado, sopla con fruición trompeta y afloja y aprieta la clavija de una cuerda del bajo mientras la bajista lo toca en pleno tema, entre otras cosas) tenemos dos guitarristas (Alexandra y Arnar) que van del dance-punk de entrecortadas notas a levantar a dúo mástil y aullidos en pleno ejercicio de metal ochentero. La sección rítmica (el bajo para Asa, la batería de Andri) entre sobria y soberbia.
Por una parte, se notan -pese a su insultante juventud- los casi 6 años que llevan tocando juntos. Por otra, son frescos y osados como pocos. Y sus crescendos excéntricos empujaron al público que llenaba la Fotomatón (pese al puente y el Derby) al baile frenético y -cosa poco habitual- al aplauso espontáneo en mitad de canción. Inclúyase a DJFlow. De lo mejorcito del año en conciertos. Así se les dice, así se les cuenta.




















