Si Rustie es el macarra de barrio que te escupe en la cara y Joker el borde asocial que se cree por encima de los demás de la nueva escuela wonky, deberíamos convenir que Hudson Mohawke es el mocoso (23 primaveras suma el chaval), un tanto travieso pero sin fondo de maldad, que gustar de calzar camisetas igual de horteras que la portada de su álbum de debut. Y entonces 'Butter' (Warp, 09) se convierte en una gigantesca travesura y, por ello mismo, en uno de las obras musicales más cromáticas, refrescantes, refulgentes y aventureras del año. Un disco que despeja cualquier duda: sí, tenemos HudMo para rato.Los sonidos son como cachos de plastilina para Hudson Mohawke: el escocés los rompe en pedazos, deforma y mezcla, combinando colores, texturas y formas a su antojo. Una práctica esta que tras su carta de presentación en sociedad -el 'Polyfolk Dance EP' (Warp, 08), pese a lo publicado antes- eleva al cuadrado en 'Butter', un disco en primera instancia inconexo y con un puntito histriónico, pero que con el paso de las escuchas va revelando una asombrosa (por disparatada y genial) coherencia interna.
Fruto tanto de su desapego por cualquier corriente musical en la que se le quiera encasillar así como de una imaginación desbordante, Mohawke encadena una sucesión de cortes rápidos (las canciones siempre terminan antes de cansar o terminar de aturdir) en los que se dan cita melodías deslumbrantes teclados en tu cara mediante; ritmos que golpean duro, tan orgánicos como dislocados por influencia del jungle ('Velvet Peel'); y voces que van de lo alvinesco (de 'Alvin y las Ardillas') al escozor de entrepierna por la vía funk. Cosidos unos a otros mediante una serie de infinitos y ambivalentes arreglos (glitches, armonías efímeras, cambios de ritmo) que además sirven gancho para el oyente.
En él cabe lo que ya esperábamos: el hip hop a lo Dilla (aunque más camuflado que antes) y la psicodelia folk más lisérgica ('Star Crackout'), el sonido hiperprocesado y atiborrado de toda clase de aditivos, colorantes y potenciadores del sabor ('3.30', 'ZOo00OOm'), esos rompecabezas sonoros desbaratados y vueltos a montar sin mucho sentido (aparente) para un gozo máximo ('Fruit Touch'). Pero también una lubricidad inesperada (encabezada por ese trío dispuesto a derretir la pista a base de golpes de pelvis y sudor: 'Joy Fantastic', 'Just Decided' y 'Tell Me What You Want from Me'), una derivación onírica hasta ahora poco explotada y una aproximación pop al asunto que casa a la perfección, por raro que parezca, con el tono experimental del mismo.
Ahí reside el gran logro de 'Butter': hacer de esta locura un todo asimilable y, sobre todo, altamente disfrutable. Y puede que así Hudson Mohawke haya dado con el pop del nuevo milenio, ese que troca guitarras por software, bebe de diversos estilos casi siempre negros y se refugia en las grandes ciudades rodeado de neón en un futuro de videojuego. Sirva 'Rising 5' de magnífico ejemplo.

















