Si eso de ser prolífico tiene que ver con los números, sólo tenemos que echar la cuenta. En España tenemos a El Chojin, 10 discos en 11 años; a KRS-One en EE.UU, 11 largos en 9 años (sin contar proyectos con otros artistas); y en Jamaica, a Sizzla. Con sus 37 discos publicados entre 1997 y 2009, Miguel Orlando Collins -así se llama el notas- encarna como nadie los tiempos de producción compulsiva que vive la escena musical de la isla caribeña, en la que cada año se consumen decenas de miles de riddims nuevos y los estilos se queman con la misma velocidad que Usain Bolt recorre los cien metros lisos.Y si Jamaica, con menos de tres millones de habitantes y una superficie similar a la de Asturias, es una de las capitales de la música internacional y patria indiscutible de las cifras de creación más disparatadas en este terreno; Sizzla es, pese a quien pese, su mayor estrella de la última década. Probablemente, el solista más prolífico, reconocido y exitoso -en términos comerciales- de todos los que este pequeño rincón del mundo ha parido en los últimos 15 años. Y, como tal, fiel representante de sus virtudes maniáticas -esa extraordinaria capacidad de engendrar discos- y también de sus vicios más reprobables.Pero sólo es la punta de un iceberg que pocos se atreven a explorar.
En esta isla, económicamente subdesarrollada y tristemente violenta, que desecha modas a velocidad de crucero y en la que la filosofía imperante es la competición; las actitudes compulsivas del daggering campan a sus anchas. Y de la mano de este movimiento pasean la exaltación a la violencia, el machismo, la homofobia y el sexo salvaje. Por no hablar de la música que pone ritmo a sus bailes, dancehall machacón y sintético.
Sizzla se encuentra en estos momentos en el ojo mismo de ese huracán. Allí donde se encuentra la calma, inquietante y engañosa. Las potencias económicas del norte, especialmente Europa, han puesto a este artista en el punto de mira. Sus letras contrarias a la homosexualidad, que aquí no reproducimos por vergüenza ajena, le han situado en el centro de todas las críticas y han llevado a varios países a prohibir su presencia sobre los escenarios. En esas estamos ahora en España, donde el año pasado ya hubo bronca y conciertos cancelados, y éste la fiscalía especial de delitos de odio y discriminación ya está muy pendiente de lo que este tipo vaya a soltar por la boca en su inminente gira por nuestro país y los colectivos gays preparando manifestaciones en las puertas de las salas que acojan su espectáculo.
Mientras tanto, Sizzla sigue en sus trece. Con nuevo disco en el mercado, el simplemente reggae y descaradamente positivo 'Ghetto Youth-ology' (Greensleves Records), y filosofía rastafari, ahora sin letras que inciten a la violencia o la discriminación. Sin embargo, mientras los medios vuelven a cargar tintas contra el músico, pocas son las voces que se alzan, desde los medios convencionales de los países occidentales, para denunciar la situación de desamparo en la que se encuentra su país. Y muchos menos los que tratan de acercarse a su compleja sociedad, ligada a fuego con su cultura -principalmente musical-, seña de identidad de Jamaica en el planeta (ahora, junto a sus atletas) y, precisamente, única vía de escape al mundo exterior.
Sus fechas españolas son las siguientes:
29/10 Santana 27, Bilbao
30/10 Sala Capitol, Santiago
31/10 Industrial Copera, Granada
01/11 Old School, Getafe
03/11 Apolo, Barcelona
No será un servidor el que exima de culpa o saque la cara a las condenables actitudes de este señor, músico de indudable calidad que nos ha regalado LPs memorables como 'Da Real Thing' (VP, 02) y que intentó redimirse, junto a otros, firmando la Compassionate Act. Pero a uno le fastidia que, cuando el nombre de Jamaica aparece en los medios, se hable poco de la música y, mucho menos, del contexto. Lo de asistir a su show, lo dejo a la conciencia de cada cual.

















