
No son estos buenos tiempos para la lírica. Sobre todo si se trata de una lírica de corte político, altamente incendiaria y esculpida en rimas por una negra garganta de acento grave. Y, por lo tanto, no son buenos tiempos para Chuck D y compañía (es decir, Public Enemy), a quienes tanto sus propios errores como el devenir actual del rap han terminado relegando a una posición indigna de su legado. ¿Será este el momento de reverdecer laureles?
A nadie se le escapa que Public Enemy no mantienen ya, ni de lejos, la jerarquía -ni musical ni social- que llegaron a copar en sus años de máximo esplendor, pongamos que entre finales de los ochenta y principios de los noventa cuando publicaron de un tirón 'It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back' (Def Jam, 88), 'Fear of a Black Planet' (Def Jam, 90) y 'Apocalypse 91... The Enemy Strikes Black' (Def Jam, 91).
Ni ellos están para muchas alegrías (solo que darle una escuchada a sus últimos... cinco discos siendo generosos; o comprobar en que se ha convertido Flavor Fab) ni la escena hip hop parece estar para otra cosa que no sea presumir de pistolas de plástico o excesos que no se comenten y mover el culo en el club.
No obstante, Public Enemy nunca han tirado la toalla y han tratado por todos los medios (tanto encomiables como patéticos) por subirse de nuevo al tren de la relevancia pública más allá de los fans irredentos y los festivales que les invitan para que toquen, exclusivamente, sus viejas canciones. Y su último intento de no quedarse en el andén tiene como protagonista a una iniciativa que está poniendo patas arriba el negociado musical.
Se trata de Sellaband, propuesta de la cual ya te hemos hablado y que tiene a Public Enemy como el primer grupo 'establecido' que decide fichar por ellos. Su forma de actuar ya la conoces: son los fans, con sus aportaciones, los que financian la grabación del disco una vez llegados a los 50.000 dólares. A cambio, reciben una copia del disco, quien sabe si algún beneficio económico en el futuro (en función de las ventas del disco) y el agradecimiento infinito del artista en cuestión.
Con Public Enemy y su undécimo álbum de estudio, sin embargo, las cosas cambian sustancialmente: no son 50.000 sino 250.000 los dólares que el combo necesita recaudar. Pese a ello, tres días después de hecho el anuncio ya ha sido cubierto el 15% del aporte requerido. Será que, al final, tampoco son tan malos estos tiempos para la lírica.
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