Poco tenía que hacer Chris Garneau para acabar de convencernos de que es el heredero perfecto del pop elegante que tan bien ha defendido Rufus Wainwright. 'Music for Tourists' (Naïve, 08) ya supuso una bocanada de aire fresco no, fresquísimo dentro de la nueva ola de cantautores americanos. Su sensibilidad podría parecer sacada de fábrica pero sus arreglos clásicos le separaban de la sencillez de la mayor parte de sus compañeros de vagón.Precisamente de esto huye con su segundo disco 'El Radio' (Naïve, 09): de poder ser encasillado o, peor aún, comparado. Por ello ha rebajado bastante su propuesta para evitar caer en lo pretencioso.
Las propuestas más básicas ('Hands on the Radio' y 'Raw And Awake') se unen a las más lúdicas y casi rozando el musical ('Dirty Night Clowns' o 'Fireflies') sin abandonar en ningún momento su marcada herencia clásica, en forma de chelos, percusiones y el piano como absoluto protagonista de nuevo.
Bastante superior que su antecesor, Garneau huye de los altibajos que se le presuponen a un estilo tan sensiblero y que, sin inventar nada y haciéndose por momentos demasiado largo, apasionará a sus fieles y le hará ganarse nuevos y merecidos súbditos.




















