A diferencia de muchos otros "hijos de" en el mundo del espectáculo, Taylor McFerrin no tendrá que soportar la pesada losa del apellido familiar. Para empezar, no ha heredado el buen rollo de su padre, aquel tipo que contagió a medio mundo con su 'Don't Worry Be Happy'.
Sus canciones de hip hop con tintes de drum'n bass y soul a lo Gnarls Barkley remiten, más bien, a noches sin luna, a los latidos de un corazón roto. Latidos que él mismo articula con la portentosa caja de ritmos que guarda dentro de la boca.
Y no es que el más joven de la saga McFerrin haya renegado de la herencia familiar. Muy al contrario, Taylor ha sabido adaptar a los nuevos tiempos las cualidades vocales que ha heredado -y, seguramente, aprendido- de sus antecesores; su padre fue un prestigioso intérprete a capella y su abuelo, el primer afroamericano en formar parte regular de la plantilla de la New York's Metropolitan Opera.
El beatbox es la técnica que alimenta sus arriesgados y personales espectáculos en vivo (no te pierdas el video bajo estas líneas). El de Brooklyn es un Llanero Solitario de las tablas, que sólo se acompaña de los beats y efectos que él mismo articula, procesa y secuencia. Una propuesta que quedó inmortalizada en el estudio en su único trabajo hasta la fecha, el EP 'Broken Vibes', disponible en formato digital desde su myspace.
En su gira por nuestro país ha confirmado tres fechas: el 12 de noviembre en Madrid (Sala Tempo), el 12 en San Sebastián (Be Bop Bar) y el 14 en Santander (BNS).




















