Hasta la fecha y en resumidas cuentas, a The Gaslamp Killer le teníamos por mero vocero de la nueva escena beatmaker de Los Angeles gracias a sus noches de desparrame sonoro (Low End Theory) en los clubes locales y su amistad con Flying Lotus y compañía. También llegamos a conocer, durante el pasado Sónar, su aberrada faceta como DJ. Pero no teníamos constancia de sus habilidades, de tenerlas, como cocinero de sus propios temas y no como -espectacular, bombástico, totalmente ido de olla- trasmisor del menú de otros. Nada que no haya resuelto recientemente el muy convenientemente titulado 'My Troubled Mind EP' (Brainfeeder, 09).Maxi cuyas siete canciones duran poco más de un cuarto de hora, pero que supone todo un viaje en rollercoaster a lo profundo de una mente que, a tenor de lo escuchado y para nuestro gozo, no funciona todo lo bien que debería.
Decir que The Gaslamp Killer sufre un agudo problema de déficit de atención temporal que le impide concentrase en una sola estructura sonora más allá de unos segundos. De manera que, pese a mantener ciertas constantes -el funk como argamasa, la psicodelia como fin, los breaks orgánicos servidos por sus propias baquetas, los drones hipnóticos cortesía de los teclados de Computer Jay, una descomunal labor sampledélica- en ese tiempo es capaz de embutir un todo sonoro bizarro y mutante al que podríamos catalogar como hip hop (instrumental, marciano, triposo).
Pero en el que hay lugar para el folk y la blaxploitation; para ecos de jazz, dub o grupos vocales de la California de los sesenta; que podría utilizarse como banda sonora de terror o ciencia ficción; en el que suena funk procedente del Mediterráneo oriental, rítmos tribales, easy-listening y lisergia crooner; al que se aplican filtros y delays pasados por agua, fuzz de guitarra y voces desde el fondo de la marmita.
Y que sin embargo, lejos de sonar descoyuntado o desorientar al oyente (aquello de "el que mucho abarca, poco aprieta"), suena cohesionado y con sentido de dirección, siendo el resultado tan extraño como embaucador, tan novedoso (pese a sus múltiples puntos de conexión) como fascinante.
Apostar por The Gaslamp Killer es así invertir en futuro.




















