Desde comienzos de década la de Kryptic Minds -dúo comprendido por Leon Switch y el propio Kryptic Minds- había sido una fábrica productora de tech-step anthems entre lo virulento y lo cibernético, tanto para su propio sello (Defcom) como para buques insignes de la escena como Metalheadz. Sin embargo -y al igual que otras como las de Instra:mental, dBridge o Alix Perez- Kryptic Minds decidieron en meses recientes someterse a un proceso de reconversión que les ha llevado a la producción en serie de pesadillas para el fin de fiesta, arrastrando cadenas y fustigándose con frecuencias medias. O sea, que se han pasado al dubstep... los muy chaqueteros.Era algo que se veía venir: ya a su último trabajito amoldando amens distorsionados, cabalgadas rítmicas con final en el Apocalipsis y samples sci-terror lo hicieron llamar 'Lost All Faith' (Defcom, 07), todo un aviso a navegantes. La pareja expresaba así cierto hartazgo con un estilo que les había hecho señores de su propio reino en miniatura, y sus ganas de probar nuevos caminos sonoros.
Seducidos tardíamente por los cantos de sirena del dubstep, Kryptic Minds han sabido sin embargo ser bastante cautelosos en sus pasos: primeramente, el trasvase no se hace de cualquier manera sino de la mano de uno de los dones (Loefah), cuyo sello (Swamp81) se estrena precisamente con el nuevo largo de sus compatriotas; y demostrando, además, ganas de ser aceptados -titulando el disco 'One of Us'- y ganas de quedarse (ya tiene firmado un nuevo EP, '678', con Tectonic para finales de año).
Todo ello agua de borrajas si lo contenido en 'One of Us' no llegara a la altura de las expectativas. Cosa que, si hacemos caso del maxi de adelanto 'One of Us/Six Degrees' (pulsa el play), no tiene pinta de ocurrir. Lo de Kryptic Minds son los half-step riddims, lentos y pesados (slow and low, that is the tempo), a la manera de su nuevo jefe; los ejercicios de presión dramática con los bajos; las atmósferas angustiosas importadas de su anterior ocupación.
En definitiva, el de Kryptic Minds no es dubstep de batalla. Más bien es el reverso oscuro de los amaneceres de Burial, la banda sonora para el bajonazo post rave: donde aquél se muestra lánguido, éstos son tenebrosos; cuando el de allá deja tras de sí un halo de esperanza, éstos solo ofrecen desesperanza, resignación y paranoia; mientras que a Burial el pedo químico le sentó de maravilla, éstos siguen comiendo techo.
Bendita esquizofrenia, digo yo.




















