
Diez años cumple el festival Periferias en apenas un mes. Y lo hace conservando sus señas de identidad al margen de (casi) todo lo que se cuece en el festivaleo patrio: "multidisciplinar y temático", como ellos mismos reconocen. Lo que se traduce en una oferta cultural que va mucho más allá de lo musical (cine, artes plásticas, teatro, danza, moda, literatura, performances...) y un eje alrededor del cual hacerla girar.
Lo del título no es para nada despectivo. Pocos se atreverán a acusar al Periferias de ser un evento, precisamente, comercial. Pero ese es el tema que el festival propone para esta edición del 2009: una reflexión crítica sobre un término que utilizado para adjetivar una obra artística suele conllevar desdén y descrédito. Un mal éste del que solemos pecar en el planeta indie, tan dado a mirar por encima del hombro todo aquello que la masa devora sin miramientos.
Sin embargo, ¿cómo medir lo comercial en números? ¿Dónde poner el límite? ¿Cómo afecta su fama al valor intrínseco de una obra pictórica o una pieza musical? Una vez se ha convertido al objeto artístico en un consumible más, sujeto por tanto a las leyes del mercado, ¿sigue siendo de recibo una valoración subjetiva del mismo? ¿A cargo de quién?
Esas, y otras muchas, son preguntas que el Periferias plantea y, a través de algunas de las actividades programadas, intentará responder entre el 23 de octubre y el 1 de noviembre. Y para ello, ciñéndonos a su oferta musical, vuelve a promover un variopinto cartel que va de lo local (jornadas del 23 y el 30 dedicadas a las vecinas escenas aragonesa y catalana: Bigott, Jah'Sta, Albert Pla y Violadores del Verso entre otros) a lo global (el regreso a las pistas de Technotronic, Crazy Cousinz enseñándonos de qué va el UK funky o Juice Aleem y su chip hop).
Extenso, variado, sabroso y todavía por cerrar el menú que nos prepara el Periferias.




















