
Pese a su aspecto enjuto y algo encorvado, un poco a medias entre un joven Lou Reed y Carlos Iglesias –gracias, amigo Gómez-, Matthew Stephen Ward gana mucho en las distancias cortas. Esa mezcla mágica entre una voz cantada en otro tiempo –parece salir de una radio de válvulas más que de un 'Transistor Radio'- y esa apabullante guitarra tocada en el más puro estilo "finger picking te deja con ganas de verle solito, en acústico; tocando la emocionante 'One Hundred Million Years' –el vello de punta, oiga-, 'Sad Sad Song' y tres mil más.
Y es que con banda (un cuarteto solvente, lleno de barbas y sombreros) lo que gana M. Ward en energía... lo pierde en matices. Hubo mucho –demasiado- rock de andar por casa, incluyendo una innecesaria versión del 'Roll Over Beethoven' de Chuck Berry. Por suerte, en este apartado se equilibró la cosa al atacar covers de John Fahey (instrumental vaquero de alto octanaje) y Daniel Johnston (electricidad, esta vez sí, con todas las de la ley).
M. estuvo rácano (no llegó a hora y cuarto: poco para los 23 eurazos que costaba la entrada) ante una Arena –rebautizada con nombre de cerveza- entregadísima desde el minuto cero. Demasiado entregada. Insistiremos: mejor él solito con la acústica, a ver si es posible para la próxima...




















