
Hasta los mejores se equivocan. Léase: flojo el Primavera Sound 2009. Morcillero: vulgo, demasiada repetición ¿Cuántas veces más podemos/queremos ver en un festival a Yo La Tengo, Sonic Youth, Spiritualized o Shellac? ¿Por qué un festival que suele ser el primero llega esta vez tarde con My Bloody Valentine o Neil Young? Sí, de acuerdo, repasen bien los nombres: todos son absolutamente fantásticos y de primera fila. Y con muchos de ellos volví a disfrutar. Especialmente con el Señor Young -hora y media larga de greitesjits- y la Juventud Sónica, que tuvo los santos cojones de tocarse casi enterito su nuevo disco, 'The Eternal', diez días antes de que saliera a la venta. Pinta muy bien, por cierto.
Pero no es esto. Faltaron las grandes sorpresas que suelen golpearnos año tras año. Y los hypes inflados camparon por sus respetos en los 6 escenarios. ¿O es que me estaré volviendo viejo y gruñón? Ni The Pains of Being Pure At Heart ni Bat For Lashes ni Magik Markers ni Wooden Shjips cuajaron grandes actuaciones. Ni mucho menos unos pasadísimos Black Lips sin orden ni -perdón por el chiste fácil- concierto.
Y así las cosas, acabaron triunfando el post-post-hardcore de Fucked Up (con un impresionante frontman de muuuuchos kilos que celebró su paternidad reciente tirándose al tremendo mosh pit de las primeras filas y despelotándose con cierta gracia), el free-heavy-tribal de Lightning Bolt comandado por ese anfetamínico batería-cantante con máscara-de-miedito-supino o el muy simpático rockabilly-rhythm&blues-swing-jazz-ska deliberadamente primitivo de Kitty, Daisy & Lewis en compañía de papá, mamá y el abuelo jamaicano-trompetista.
Por no acompañar, ni acompañó el sonido, bastante peor que en otras ediciones. Especialmente en el escenario Rockdelux, lo que embarulló las bonitas actuaciones de Throwing Muses (esa esquizoide Kristin Hersh alternando ladridos y susurros con maestría) y The Vaselines, sin ir más lejos. Ni una zona de prensa muy poco dotada.




















