Y quien se embadurna la cara, también se altera los pelos. Desde la maraña enredada ochentera, al tupé de Elvis o las rayitas afeitadas de MC Hammer. El "mundo pelos" ha sido sin duda alguna una de las mejores formas de identificar a los mayores consumidores de música. Si vemos algún chico lleno de rastas a lo Bob Marley intuiremos que se lo pasa pipa oyendo y "fumando" reggae. Por el contrario, si nos encontramos en el bar un tipo de escultórico tupé, homenaje a Elvis Presley, nos vendrá enseguida en flashback que su enganche es el rock'n'roll y no se piensa desquitar de él hasta la tumba (o la calvicie galopante).
¿Y qué hacemos con esos diseños de cabeza a cuchilla? Mea culpa, pues éste que os escribe cayó en esas modas de rayitas afeitadas en el cocorote. MC Hammer, Vanilla Ice o el problemático Bobby Brown. Mención de honor de nuevo a los ochenta. ¡Oda al volumen, a los geles y a las lacas! Nunca Joey Tempest se despeinó tocando 'The Final Countdown' con Europe. Thompson Twins, Haircut 100, Kajagoogoo... la lista subida al carro del escaldado es interminable.
Nadie me mueve de aquí sin hacer una mención cariñosa y especial a las chicas de Mel & Kim, que lástima cómo terminaron esa carrera impulsada por Stock, Aitken & Waterman (los gurús del momento). Y un coscorrón con todas las de la ley para nuestros queridos músicos de los dedos en el enchufe: Limahl y Modern Talking. Eso no eran pelos, eso era susto.




















