
Los Angeles, 2005: La tenía que fotografiar para un reportaje en la revista Harp y a Lucinda no le gusta nada que la fotografíen. La luz era muy suave y bonita y sabía que es el tipo de luz que funciona con su imagen. Se suponía que íbamos a empezar temprano, pero ella se presentó bastante tarde. Estábamos en un sitio precioso y como decía la luz natural era muy buena. Pero, de repente, la dueña de la casa donde estábamos encendió las luces y un montón de luces preciosas iluminaron la habitación; y entendí que había una razón por la que habíamos tenido que esperar tanto. Las nuevas luces le dieron un ambiente precioso a la fotografía, un carácter que iba fenomenal con el de Lucinda.




















