Dorian. Son unos moñas (la teclista se llama Belly), más falsos que el flequillo del Dioni (mejor que no dediquen canciones a nadie) y algunas de sus letras provocan carcajadas hilarantes ("fascistas mafiosos, y comunistas pensionistas"). Pero, mira tú por donde, sus melodías son de esas que se pegan como chicle usado a suela de zapatilla recién estrenada; y sus fans, tipo pijo enteradillo al que El Canto del Loco se le queda corto, cada vez son más. Su concierto no convenció, pero al menos entretuvo.




















